Diana Vasquéz – Universidad Autónoma de Bucaramanga

Después de pasar muchas horas en el aire, correr de aeropuerto en aeropuerto, que la aduana me quitara unas cuantas cosas, turbulencia durante la mayor parte de los vuelos, poca comida y una lucha desgastante con mis maletas, llegué hace 22 días junto con mis compañeras y mas que compañeras mis amigas y cómplices Jessica y Andrea a Chile, un país que nunca se encontró dentro de mis listas de lugares por conocer o visitar, que simplemente lo relacionaba con aquel lugar al sur en donde tenía familia y unos cuantos conocidos.

Un país que desde el primer momento me dejo sentir la amabilidad y buena energía de su gente, desde los funcionarios de inmigración y su Bienvenida a Chile y espero que le guste y le vaya bien con sus estudios, hasta el señor que me ayudo con mi pesada maleta a buscar el bus que me llevaría a Concepción, ciudad de la cual tenía muy buenas referencias por parte de unos amigos colombianos que hace unos cuantos meses habían viajado a ella.

 Al igual que de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, de Fernando Pilar, de Mary y de Caitlin a quienes de una forma inhumana hicimos levantar a las 3:30 de la mañana, y si es difícil para mí levantarme para clase de 8:00 am, no me imagino lo terrible que debió ser eso, ellas nos recibieron con una sonrisa y nos llevaron finalmente a la casa que durante los próximos meses se convertiría en mi hogar y en donde desde el primer momento me hicieron sentir como parte de ellos, bueno claro está, después de tener mi última batalla con mis 32 kilos de equipaje tratando de subirlos por un rampa supremamente empinada para mi gusto.

La señora Isabel Soto, nuestra mamá chilena, quien nos recibió y nos mostro las habitaciones, cada una con una decoración totalmente diferente, pero que de una forma extraña coincidían con la personalidad de cada una de nosotras. Todas las personas de la casa nos acogieron y ayudaron a no extrañar tanto ese ambiente familiar y a todos esas personas que tanto queremos y que ahora están a cientos de kilómetros de distancia, todos están siempre pendiente de las niñas y se preocupan por enseñarnos las costumbres chilenas y sobre todo la comida, que la verdad, me ha gustado mucho.

 La señora Leo quien es la persona que colabora en la casa con la comida nos consiente con los mariscos, el ceviche, el salmón, la carne, las ensaladas, las tortas, los kuchen de la comunidad alemana cerca a concepción, y todo le queda muy rico, también está la Señora Mary y por supuesto Eugenia con sus ocurrencias, ellas son las encargadas del cuidado de don Guillermo Aravena, el esposo de la señora Isabel. En la casa también vivimos con don Roberto uno de sus hijos.

 El otro, don Iván, vive en la casa siguiente, él es el papá de Nico el consentido de la casa, todos se dedican al negocio de la madera y al campo, por esto es que siempre en la casa hay mucha fruta y verduras.

En general éstos días en chile han sido muy agradables, las personas nos han tratado súper bien, también nosotras les hemos enseñado sobre nuestras costumbres y comidas, y hasta hemos intercambiado recetas.

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