Bruno Avilez – Southwestern University of Finance and Economics

La expectativa de nuevas experiencias siempre a motivado las mas grandiosas historias, y después de mucho tiempo me vi a mí mismo embarcado en viaje con un destino particular: China!.

Tras un largo vuelo de 32 horas llegamos (yo y mis compañeros) a Chengdu, una gran ciudad en el corazón del Asia. Sabíamos de ante mano que China era un lugar de locos, pero las impresiones parecían ser poca en comparación con lo que en realidad sucedía allí.
La persona que nos recibió fue Dorien, una alemana que venía de parte de SWUFE a buscarnos (ella fue la carta de presentación del ambiente estudiantil en que nos desenvolveríamos durante el semestre).

Los primeros días en este lugar fueron algo desastrosos (a ojos normales), los cuartos sucios, el aire contaminado (no solo con polución, sino con olores y polvo de una construcción), ruidos durante todos el día, y gente, más gente ¡mucha gente!.

Fue normal sentirse un analfabeto en todo sentido: desprotegido e ignorante y sin poder comunicase ni siquiera con la familia. ¡Lo sé, suena terrible!. Pero si vienes a China y no sabes lo que tienes que afrontar, es porque no sabes que estás haciendo.

Y entonces la pregunta es la siguiente ¿Cuánto de tu confort estas dispuesto a entregar para aprovechar esta oportunidad? La respuesta es simple si sabes a lo que vienes.

El lugar en el que me encuentro, es un edificio de la universidad y comparto una pieza con un compañero. Se me hace complejo intentar explicar la diversidad cultural, pero es posible encontrar desde austriacos a japoneses; y eso es poco, considerando que solo hablo de mi piso.

Lleno de extranjeros, el campus del centro se vuelve más que un lugar de estudio, en una residencia familiar, donde todos se mueven el mismo sentido: “progresar”.  Y sin importar con quien hables, puedes hallar correspondencia entre tu ideales y los de los demás.

Conocer gente, crear contactos y alentar amistades que posiblemente duraran de por vida; permiten a quien se hunde en este ambiente abrir el mundo, las posibilidades y los ideales.

Chengdu, China, Asia… parecen poco a poco convertirse en mi plataforma y me bautizan para ser hijo de una patria difusa,  patria donde no hay barreras ni fronteras, donde se encuentras quienes corren por el mundo, pues el mundo es el papel donde escriben sus historias.

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